Según el primer Informe mundial sobre la visión, publicado en 2019 por la Organización Mundial de la Salud, en el mundo hay por lo menos mil millones de personas con alguna deficiencia visual que podría haberse evitado o que todavía no se ha tratado.

Dicho informe también establece que las afecciones oculares y la deficiencia visual tienen una mayor incidencia en los países de ingresos bajos y medianos, y, específicamente, en las mujeres, los migrantes, los indígenas, las personas con alguna discapacidad y las personas que viven en zonas rurales.

Ahora bien, en muchos casos, las afecciones oculares y la deficiencia visual son consecuencia de la poca o nula atención que les prestamos a nuestros ojos.

Mucha gente ve borroso, experimenta ardor, comezón o la sensación de un cuerpo extraño en los ojos, o percibe destellos o puntos de luz, pero, cómo de alguna manera sigue viendo, prefiere negar que pueda padecer alguna enfermedad antes que acudir con un oftalmólogo. Sin embargo, éstas son señales de alerta que no se deben ignorar”, dice Adriana Hernández López, médica cirujano, especialista en oftalmología y coordinadora de Investigación en la Facultad de Medicina de la UNAM.

Regla 20-20-20

Con el confinamiento impuesto por la pandemia, nuestro estilo de vida ha sufrido modificaciones. Así, por ejemplo, un gran porcentaje de empleados y estudiantes de diversas edades ahora trabaja y toma clases desde casa por medio de un dispositivo electrónico (computadora, tablet, etcétera), lo cual ha hecho que se incrementen los casos de fatiga ocular.

“La fatiga ocular aparece como resultado de estar expuestos durante muchas horas a la luz azul que emiten los dispositivos electrónicos y, por lo tanto, no guarda ninguna relación con la presbicia o vista cansada, la cual se presenta entre los 40 y los 45 años, y obliga a llevar gafas progresivas o multifocales para tener una visión correcta de lejos, intermedia y cercana. No obstante, esta presbicia o vista cansada se puede sumar a la fatiga ocular. Para reducir esta última se recomienda usar un filtro de luz azul”, apunta Hernández López.

La utilización de los dispositivos electrónicos por periodos muy largos también ha ocasionado que se disparen los casos de ojo seco evaporativo porque, bajo esta condición, el parpadeo disminuye.

Normalmente parpadeamos de 15 a 20 veces por minuto para lubricar nuestros ojos, pero, de acuerdo con estudios recientes, se sabe que, al permanecer frente a estos dispositivos mucho tiempo, la frecuencia de parpadeo puede disminuir hasta cinco o cuatro veces por minuto.

“Una herramienta efectiva para aminorar los efectos del ojo seco evaporativo es la regla 20-20-20, según la cual cada 20 minutos debemos apartar la mirada de la pantalla de nuestro dispositivo electrónico y ver a 20 pies de distancia, es decir, a lo lejos, durante 20 segundos. Es indispensable hacer estas pausas y colocar una notita al lado de nuestro dispositivo electrónico que diga: ‘No te olvides de parpadear, hazlo con frecuencia’, pues esta simple acción permite que las lágrimas se homogenicen y que, al igual que ante un parabrisas con los limpiadores en funcionamiento en un día de lluvia, uno pueda ver mejor. A esta regla se le puede agregar la aplicación de lágrimas artificiales prescritas por un oftalmólogo”, comenta la especialista universitaria.

 

 

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